Monday, 4 July 2011

Please wake me.

La temperatura sube lentamente bajo la sombra amenazadora de las nubes.
Yo ando por calles desiertas, viendo la reverberación al final de ellas sobre el pavimento.
Escucho aún su jadeo en mi oreja.
Una gota de sudor cae de mi flequillo al suelo,
pero lo que cae no es mi sudor, es el suyo.
Cada vez hace más calor afuera y la ciudad está vacía.
A lo mejor ese calor ya no viene de fuera, sí... soy yo el que es casi incandescente.
Un trueno a lo lejos interrumpe mis cábalas.
Siento su intensa mirada golpear mis ojos, me estremezco y suspiro.
Aprieto el paso, no hay nadie en este lugar que pueda escucharme.
Miro mi terminal, mi corazón late atropellada y rápidamente.
Sus labios se posan sobre los mios, me paro y cierro los ojos durante un segundo.
Intento articular una frase pero, ¿a quién se la digo?
Llego al Pontiac, me tiro sobre la butaca de cuero.
Cualquier tacto me parece áspero y frío desde que probé su piel.
No hay futuro para mis pensamientos, así que arranco.
Empieza a llover.
Golpeo el volante con mi puño y maldigo mi suerte y lo poco que siempre sé.
Evoco su imagen en mi mente y me asusto,
entro en la avenida a 130 km/h, piso el acelerador a fondo, no hay nadie más circulando.
Hiervo. He alcanzado el punto de ebullición, pongo 7ª.
Todo el mundo se ha ido a tomar viento, y mientras tanto...
La presión me hace saltar por los aires.
Me bajo del coche en el cauce y me enciendo un cigarrillo bajo la lluvia.
Estoy empapado, pero el deseo me mantiene seco, y me siento en el guardaraíl a ver como el río se lo lleva todo hacia el mar.
Y se va. Y yo me quedo. La historia de siempre.