Friday, 16 September 2011

17-IX


Boom.
La tierra ennegrecida cae sobre mi casco. El polvo del ambiente me hace toser y me paso las manos por las mejillas. Estoy empapado, un lodo malsano cubre mis facciones, fruto de mi sudor la humedad y la pólvora, el hollín y la arena carbonizada.

Boom.
Miro los ojos grises de mi observador. Está tranquilo.
Es perfectamente consciente de que nuestra posición, desconocida, es completamente segura.
Yo ya sabía muy bien lo que era el fuego amigo o la dispersión del fuego artillero, pero prefería que conservara la calma y que yo fuera el único en tensión.
Tensión que ya llevaba semanas prolongándose, e intensificándose. Al despedirme de mi familia, al tener que asumir el hecho de que ella no haría planes conmigo a la vuelta (si había tal cosa), al llegar al campo de entrenamiento, desembarcar en Guadalcanal, Peleliu, Iwo Jima...
Okinawa.

Boom.
Este ha sonado más cerca, además era fuego amigo. No tengo tiempo de preocuparme porque un susurro apenas perceptible me comunica que hay 5 blancos avanzando a 320 yardas, entre la linea de barricadas abandonadas. Armo el Springfield y ajusto la mira telescópica a la distancia y altura. No es un tiro largo o difícil, pero no me conviene fallar. Suspiré, llevábamos 3 días esperando a que alguien se moviera, estaba demasiado entumecido como para huir a buscar otra atalaya.
Tomo aire, lo suelto poco a poco siguiendo un casco, esperando que llegara a mi marca. Apenas un momento después veo al soldado desplomarse y a los otros echarse a tierra.
Cerrojo atrás, casquillo fuera.
-Vas bien, no nos han localizado aún.

Los observo buscar cobertura mientras miran en todas direcciones intentando localizar la bocanada de humo que ha espirado mi cañón. No consiguieron lo primero al no verme. Sabía lo frustrante que era eso, pero por suerte ahora estaba al otro lado de la mira.
El cabo sujeta una tipo 99, abriendo el trípode y apostándose, buscando algún tirador cercano entre los escombros. Veo su espalda. Apunto al centro. Una nube púrpura surge durante un instante de ella.

Boom.
-Vaya por dios, ¿qué se les ha perdido a estos por aquí?
Un escuadrón de 4 Avengers pasa rasante, cruzando el cielo hacia el norte, lanzando granadas unos cientos de metros por delante. Ajusto la mira para una mayor distancia. No veo nada detrás de las barricadas y la línea de árboles lejana. Ametrallan el suelo en varias pasadas y se dispersan en dos grupos. Pronto el profundo ruido de los pistones de sus motores se confunde con el lejano tableteo de ametralladoras y el rumor de las explosiones. He perdido a los otros 3 de vista. De golpe, la adrenalina salta en mi cuerpo y mis pulsaciones ascienden. Mi compañero rápidamente me da un empujón y rodamos fuera del refugio derruido entre peñascos en el que estábamos apostados.
Segundos después una granada pintarrajeada cae entre ambos, teniendo el tiempo justo para apartarnos de las esquirlas de metralla.
-¡Mierda! Nos han cazado mirando a los avioncitos como novatos.
Mi observador se echa al cuello los prismáticos, y mientras respira entrecortadamente arma su Thompson.
Oigo un grito furibundo a mi espalda, y la ira ardiente en los ojos del enemigo se clava sobre mis pupilas. La bayoneta acerada corre hacia mi vientre, pero en el último segundo el soldado se para en seco y cae de rodillas. El cañón humeante de mi fusil se interpone entre ambos.
La furia se va apagando lentamente, enfrentada a mi mirada desafiante y firme posición de disparo. Él suelta su Arisaka y cae sin vida al suelo. Yo en cambio, me incorporo...siempre tuve un don innato para rehuir a la parca.
"Mientras desnudo el ruido de mi mente,
saber que estás ahí me hace más fuerte."
Cada vez que me repetía aquella frase que me enseñara ella, perdía sentido, más sabiendo que ni me esperaba, ni contestaba a mis cartas. Pero las mentiras son útiles, y si en mitad del desembarco en Iwo Jima me lo creí, ¿por qué no ahora?
Tiro del macuto de mi observador y le obligo a seguirme y a dejar de escupir munición inútilmente contra los arbustos.



Wednesday, 7 September 2011

Me juego el tipo mirándote a los ojos, salgo corriendo voy a meterme en remojo.
Me has alterado poniéndote a mi lado, yo que vivía tan feliz en un tejado.

Sunday, 28 August 2011

Ninguna.

Ni Raquel ni Elisa eran la respuesta a mis peticiones. Ninguna de las dos pertenecían al mundo de fantasía que se abría después de que yo clamara ante la luna que no era justo no saber que era el amor, aún tras tantos meses y años rodeado de varias mujeres.
Mundo de fantasía tan real como lo puede ser cuando descubres que otra persona lo comparte contigo. Ese mundo de fantasía puede estar escondido en una breve sensación...
Debía sentirme mal por Raquel, pero no lo hacía, porque la realidad es que en ese momento no me importaba nada más que la desesperada búsqueda de aquello que no tenía nombre aún. Miraba apesadumbrado las calles sentado en bancos en el centro apurando un café. Escuchaba una canción encaramado a la rama de un árbol en el río, soñando con verla a ella misma cantando desde la orilla con flores sobre el pelo. Paseaba por la playa enfadado conmigo mismo por no tener a nadie con quien compartir mis paseos.
Y aún así busqué al mismo tiempo a Elisa, a sabiendas de que ella tampoco satisfaría mi furor y mi incansable voluntad. ¿Qué victoria cabe esperar si ni yo mismo voy convencido a primera línea?
La que habría sido mi promesa de amor estaba aún por revelar, y a pesar de ello era ya una historia alejada y abocada al fracaso. No se le puede pedir maravillas al cerebro de un adolescente, por inteligente que sea, a la hora de interpretar a una mujer. Más cuando él mismo está implicado.
Triste destino espera a las demás, excepto a la deseada, durante mi soltería. ¿Qué podrá distinguir el puro deseo sexual de una estúpida y común obsesión? Posición cruel será la mía.
No quiero ninguna diosa de la belleza, ningún intelecto iluminado. Quiero a la chica de las canciones, la que viene a hacerme cosquillas en el costado en mis noches de insomnio. La que me hace esperarla hasta el amanecer infructuosamente y luego se disculpa por su despiste al haberse pasado la noche ante la ventana equivocada.
Mi error era buscar. Y hacerlo tomando como base todo lo "parecido" a mi(o al menos a mi carcasa), todo lo excéntrico, todo lo arrogante, lo pedante y charlatán. La realidad es que lo útil es esperar y tener los ojos abiertos, porque el día menos pensado unos ojos castaños se dedicarían a curiosear en mi interior y a mi no me importaría dejar mirar, aunque ella fuera muy distinta a mi en apariencia.
Lo siento Raquel, los tuyos no debían verme.

Tras una de esas calamitosas noches de fiesta invernal quisiera poder irme a refugiar en tus brazos hasta el amanecer, pero aún no sé quien eres(pese a todo lo que he escrito sobre ti...¿si lo colgara por toda Valencia, vendrías a mí para sonreírme y decir "¡Javi, soy yo, y también llevo años deseando que me abraces, que me cantes y me ames!" o te reirías de mi locura?).




PD. Y por no leerme a mi mismo, 8 meses después volvería a hacer un estropicio.

Wednesday, 17 August 2011

Kill him...

Ese día me abrazaba la tragedia.
Sí...
Y lo hacían también la sombra, la desgracia, la tristeza, el dolor, la frustración, el odio, los celos, la impotencia, la furia.

Hacia mí se dirigía la muerte y me susurraba que yo me equivocaba de camino y debía tomar otra senda diferente.
Me envolvía la locura y me decía al oído que yo no debía ser feliz, que únicamente puedo ser una bestia efectiva y despiadada, no un ser con emociones. Que sólo tengo derecho a cumplir con mi misión y luego desaparecer y ser olvidado, perdido por el mundo sin lugar alguno al que huir a refugiarme, destruido, sin propósito alguno, sin ideas en la mente.
Me pedía que apretara el gatillo, que no dudara.
Y yo me retorcía por el suelo mientras mil voces me hablaban sin aclararse entre ellas. Tiré lejos de mi la pistola.
Tenía la sensación de ser una roca en mitad de un río helado y de colores chillones. Todo se movía a mi alrededor y yo seguía en pie en el mismo lugar de siempre.
Siempre.
Siempre.
Siempre llego tarde a todas partes. Da igual qué plan, qué previsión, cuan pronto salga, siempre llego tarde. Todo está empezado, y todo se va lejos y nunca estoy cuando acaba, nunca.
Nunca.
Nunca.
Nunca sabré lo que saben los demás.
La sangre caía por mis mejillas. De quién era...no lo sé. Me escocían los nudillos. Me ardía la cabeza. Me pitaban los oídos. A duras penas podía reincorporarme. Todo daba vueltas y yo seguía en el centro observando y sin poder hacer nada.

MÁTALE.
MÁTALE.

La voz en mi cabeza cada vez era más imperiosa. No podía no escucharla.
Busqué mi arma desesperado entre trozos de vidrio, hojas arrancadas y ropa desgarrada. Apenas podía manipularla, estaba empapada en sangre y cubierta de esquirlas de los cristales rotos.
"Yo me quedo donde estoy. Esto es el fin."
Salí al pasillo tambaleándome, no alcazaba a verlo, pero sabía que estaba ahí mirándome.

MÁTALE.
Cerré los ojos, sentí mi sangre tibia deslizarse por el gatillo oscuro y helado. Alcé mi brazo derecho con un pulso desconocido para mi cuerpo. Me relajé. Pude escuchar como la bala ascendía desde el cartucho a la recámara y como con un chasquido el percutor se ponía en posición de disparo. Nunca había colocado el seguro.
Mi índice apenas se deslizó un poco, escribiendo una firma de victoria en el firmamento.
La sacudida recorrió mi cuerpo entero, desde la mano derecha hasta mi cabeza y los pies...
Un leve halo blanquecino salía del cañón cuando mi brazo descendió.
Y su cuerpo rodó al suelo sin vida.
La muerte esbozó una sonrisa...esa sonrisa se dibujó en mi cara al mismo tiempo.
Guardé la pistola.



Saturday, 6 August 2011

Ha elegido un hermoso lugar para escribir.

-Qué extraña... sensación, como si todo estuviera preparado para morir...
-¿Para morir?
-Sí...morir. Pero no mañana, sino ayer.
-¿Ayer?

Bajé la cabeza mecido por el viento y asentí levemente.

Sunday, 10 July 2011

Monday, 4 July 2011

Please wake me.

La temperatura sube lentamente bajo la sombra amenazadora de las nubes.
Yo ando por calles desiertas, viendo la reverberación al final de ellas sobre el pavimento.
Escucho aún su jadeo en mi oreja.
Una gota de sudor cae de mi flequillo al suelo,
pero lo que cae no es mi sudor, es el suyo.
Cada vez hace más calor afuera y la ciudad está vacía.
A lo mejor ese calor ya no viene de fuera, sí... soy yo el que es casi incandescente.
Un trueno a lo lejos interrumpe mis cábalas.
Siento su intensa mirada golpear mis ojos, me estremezco y suspiro.
Aprieto el paso, no hay nadie en este lugar que pueda escucharme.
Miro mi terminal, mi corazón late atropellada y rápidamente.
Sus labios se posan sobre los mios, me paro y cierro los ojos durante un segundo.
Intento articular una frase pero, ¿a quién se la digo?
Llego al Pontiac, me tiro sobre la butaca de cuero.
Cualquier tacto me parece áspero y frío desde que probé su piel.
No hay futuro para mis pensamientos, así que arranco.
Empieza a llover.
Golpeo el volante con mi puño y maldigo mi suerte y lo poco que siempre sé.
Evoco su imagen en mi mente y me asusto,
entro en la avenida a 130 km/h, piso el acelerador a fondo, no hay nadie más circulando.
Hiervo. He alcanzado el punto de ebullición, pongo 7ª.
Todo el mundo se ha ido a tomar viento, y mientras tanto...
La presión me hace saltar por los aires.
Me bajo del coche en el cauce y me enciendo un cigarrillo bajo la lluvia.
Estoy empapado, pero el deseo me mantiene seco, y me siento en el guardaraíl a ver como el río se lo lleva todo hacia el mar.
Y se va. Y yo me quedo. La historia de siempre.